Adiós Aridia, el mundo ya no será igual sin ti

Escrito por Amaury Ureña

No recuerdo bien la primera vez que hablé con ella, de lo que estoy seguro es que la conocí en el Liceo Nocturno San Francisco Arriba, en mi época de maestro principiante. Al principio sostuve conversaciones triviales y saludos tímidos, pero no sé en qué momento comenzamos a tratarnos con aprecio y saludos efusivos y es que aunque uno no lo quisiera, ella era lo suficientemente simpática para conocerte un día y al día siguiente saludarte con un «hola mi amor» un beso y un abrazo como si te conociera desde hace años. Esa era Aridia, una mujer que irradió energías en todo su entorno.


Con el pasar de los años, traté a Aridia con más cercanía, asistí a las actividades festivas que preparaba en su casa en dónde invitaba a los maestros, y pude ver que ella era una pila de energía pura, buena cocinera, excelente maestra, política, organizadora de eventos, colaboradora eterna de todas las buenas causas, comunitaria, líder gremialista, una madre entregada, una amiga de verdad, cantante, bailarina, consejera y mucho más, no he conocido a nadie con tanta capacidad.


Esa misma Aridia luego se casó con un gran amigo, una de las personas más honradas que he conocido, es decir, Wilfredo Cabrera (Willi) quien fue el director del liceo San Francisco Arriba, con este hombre generé una gran cercanía mientras fue mi director, lo admiro bastante por la seriedad con que cumplía sus funciones, en otro artículo relataré sobre eso.

Cuando supe de la terrible enfermedad que destruyó su vida, me quedé atrapado, al inicio pensé que ella iba a superar esto, pero luego supe informaciones sobre su cuadro clínico que no era el más esperanzador. Esto me colocó un una situación incómoda para mi, quería visitarla, pero en dos ocasiones me detuve frente a su casa con esa intención y no me atreví, me atajaba la idea de que no quería guardar un recuerdo de ella en ese estado tan vulnerable, tan débil, tan cambiada; la quería recordar con todo su apogeo. Un día, visité, junto a mi compañera María Jiminián (Luchy), a Wilfredo Cabrera (Willi) para hablar sobre la situación de Aridia, este nos habló con mucha tristeza de lo que estaba pasando esta maestra insigne, al final, él me pidió que la visitara, y acudí a su deseo, entré a verla. No quiero referirme a la impresión que me causó esta visita.


Hoy, esa Aridia que recuerdo en este pedazo de tristeza que publico, ya no está en este mundo, quedaron sus recuerdos y su cuerpo sin vida que terminará desvanecido, creo que ella era parte de la energía positiva que mueve el universo, ella fue la locura, la belleza, la alegría en una parte importante de mi vida y de la vida de sus estudiantes y de todo el que tuvo el privilegio de estar cerca de ella. Aridia ya no pertenece a este mundo y este mundo ya no será igual sin ella, por lo menos para mí.

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