La Palabra hoy

Normalidad

Por Manuel Raimundo Martínez

Hace unas semanas, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, se dirigió a la nación para anunciar el principio del final de la pandemia. “Medidas como el uso de la mascarilla, la necesidad de presentar la tarjeta de vacunación para acceder a todos los lugares o las restricciones en espacios públicos hoy son responsabilidad individual de todos y cada uno de nosotros. Después de esta larga batalla, comenzamos a recuperar la libertad”, expresó el mandatario. 

Después de esta alocución del presidente, el pueblo ha entendido que hemos vuelto a la normalidad, y justamente es la palabra que hoy nos ocupa.

Comenzamos definiendo la palabra normalidad: Situación de lo que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes, sin exceder ni adolecer. También podemos definir la Normalidad como la cualidad o condición de normal (que se ajusta a las normas o que se halla en su estado natural). En un sentido general, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.

A partir de estas definiciones, pretendemos reflexionar acerca de la normalidad post-covid, y surgen varias e interesantes interrogantes.

¿Hemos vuelto a la normalidad? ¿A cual normalidad? Reflexionemos.

¿A la normalidad de actos corruptos desde el Estado? Durante todo el tiempo de pandemia hemos tenido variopintos y vistosos casos de corrupción, igual que antes del Covid.

¿A la normalidad de los comportamientos inadecuados de un gran segmento de la población? Los famosos “teteos”, las fiestas clandestinas, el uso indiscriminado de música alta, el uso y abuso del alcohol y las drogas, el irrespeto a la libertad de los demás, entre otros “derechos” han estado a la orden del día, antes, durante y continúan en este tiempo en que aparentemente se acerca el final de la pandemia.

Y podemos escribir muchas páginas mencionando los actos y acontecimientos “normales” durante la pandemia, pero, y es un PERO mayúsculo, la solidaridad con el enfermo, el anciano o el más vulnerable, aún no han vuelto a la normalidad, aunque somos un pueblo solidario, este valor ha ido desapareciendo con la pandemia, y a muchas personas, parece no importarle la situación de los demás.

El compartir en familia, el ayudar al vecino, incluso, hacer las tareas en grupos de estudiantes todavía no se considera normal.

Compartir la Palabra de Dios, visitar algún enfermo, estos y otros gestos de amor al prójimo todavía no han vuelto a la normalidad.

Y es que podemos concluir, que la pandemia, que en principio decíamos que debía traer un cambio positivo al final, parece haber despertado la ambición, el exhibicionismo, la vanidad y otras terribles situaciones, incluso, el posible final de la pandemia trae consigo sonidos de tambores de guerra en algunas regiones del mundo.

Pero el amor, la armonía, la paz y la verdadera libertad han de aflorar en algún momento, y tenemos la esperanza, que pronto volveremos a la normalidad, a esa normalidad que parece una utopía, donde muchos soñamos con volver a la raíz, con volver a los tiempos donde las personas compartían entre ellas, con abrazos, con besos, con encuentros, en fin, con muestras de amor.

El autor es Ingeniero, Locutor y Experto en Seguridad y Salud en el Trabajo.

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