La Palabra hoy

Tolerancia.

Por Manuel Raimundo Martínez.

Las 10 de la noche de un domingo cualquiera, y aún sigue esa música, que ya cansa, desde las 10 de la mañana. Cuando le reclamas al autor de aquel espectáculo acústico, la respuesta es, – es mi casa, mi carro, mi música, y tengo derecho a escuchar lo que yo quiera y a la hora que quiera-. Ante la respuesta, decides llamar la policía, y de inmediatamente te conviertes en un envidioso, intolerante, chivato y maldito. Ese escenario, probablemente se da en cada barrio de nuestro país, y todo, por la falta de tolerancia en muchas personas. Personas que, no solo son intolerantes, sino, irresponsables, irrespetuosos, desconsiderados y hasta groseros.

Pero ¿qué es la tolerancia? ¿en qué consiste? Trataremos de ver este concepto desde diferentes puntos de vistas y tratar de implantar un poco de conciencia entre los lectores de esta reflexión.

Algunas definiciones de la palabra tolerancia, y sus derivados son las siguientes:

Es la actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas, aunque no coincidan con las propias.

La Real Academia de la Lengua Española, la define como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

A nivel individual, la tolerancia es la capacidad de aceptación de una situación o de otra persona o grupo considerados diferentes.

Vistas estas definiciones, podemos aseverar que la tolerancia es la capacidad de reconocer que existen gustos, cosas, personas, actividades, ideas, opiniones y un largo etcétera diferentes a la nuestra y debemos respetarlo. Por ende, no a todos le debe gustar la música que a mí me gusta, no todos comparten mis actividades, y de igual manera, no estoy obligado a soportar las cosas y gustos de los demás sino son de mi agrado. El día en que logremos comprender, asimilar y fomentar la tolerancia, estaremos dando un gran paso de avance hacia nuestro desarrollo como individuos y como nación.

Desde el punto de vista de la fe, el Catecismo de la Iglesia Católica plantea lo siguiente en sus numerales 1935 y 1936.

1935 La igualdad entre los hombres se deriva esencialmente de su dignidad personal y de los derechos que dimanan de ella: «Hay que superar y eliminar, como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión»

1936 Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo que es necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres por lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas. Los “talentos” no están distribuidos por igual (cf Mt 25, 14-30, Lc 19, 11-27).

En el año 2018, en la Conferencia Mundial de Xenofobia, Racismo y Nacionalismo Populista en el contexto de la Migración Global, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el papa Francisco expresó: «la dignidad de todos los hombres, la unidad fundamental del género humano y la llamada a vivir como hermanos, se confirman y refuerzan aún más en la medida en que se acoge la Buena Nueva, de que todos son igualmente salvos y reunidos por Cristo».

En esta perspectiva, «el otro» no es solo un ser que debe ser respetado en virtud de su dignidad intrínseca, sino «sobre todo un hermano o hermana para ser amado», ha matizado el Papa. «En Cristo, la tolerancia se transforma en amor fraternal, ternura y solidaridad operativa».
«Ser cristiano es un llamado a ir a contracorriente, a reconocer, acoger y servir a Cristo mismo descartado en los hermanos»

Al final, como en cada reflexión, dejamos una oración para pedir a Dios que nos ayude a ser mejores y practicar los valores cristianos, de manera especial en esta edición, la tolerancia. Hoy, dejamos un fragmento de una hermosa oración del Padre Emiliano Tardif.

“Señor, Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas, sana a este hermano. Entra en ese corazón, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Tú te apareciste en medio de ellos y les dijiste: «paz a vosotros». Entra en este corazón y dale tu paz. Llénalo de amor. Sabemos que el amor echa fuera el temor. Pasa por su vida y sana su corazón. Sabemos, Señor, que Tú lo haces siempre que te lo pedimos, y te lo estamos pidiendo con María, nuestra madre, la que estaba en las bodas de Caná cuando no había vino y Tú respondiste a su deseo, transformando el agua en vino. Cambia su corazón y dale un corazón generoso, un corazón afable, un corazón bondadoso, dale un corazón nuevo”. Amén.

El autor es Ingeniero, Locutor y Experto en Seguridad y Salud en el Trabajo.

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