La Palabra hoy

La necedad

Por Manuel Raimundo Martínez.

A raíz del constante aumento de casos positivos coronavirus en nuestro país y el mundo, nos vemos en la obligación de tratar de buscar una explicación a este fenómeno. Son muchas las razones que permiten la propagación del virus, pero cuando observamos los medios de comunicación, nos damos cuenta que el comportamiento de la gente es vital para detener la pandemia o para el avance de la misma.

Encontramos recomendaciones de todos los organismos responsables de enfrentar este flagelo, y entre las recomendaciones más comunes encontramos el uso de mascarillas, evitar aglomeración de personas y mantener la higiene, entre otras. Sin embargo, es muy común observar grupos de personas sin ningún de tipo de precaución, en fiestas, celebraciones, filas, juegos, reuniones, y un largo etcétera. Estos eventos se dan en todos los estratos sociales, en hoteles de lujo, en el barrio, en residenciales, en fin, en todas partes, y obviamente, como el virus no discrimina ni distingue de nadie, causa estragos.

Pero, cuando vemos estos acontecimientos, no podemos dejar de pensar en una palabra y sus acepciones, y nos referimos a la necedad.

He aquí algunas definiciones que encontramos en los diferentes diccionarios para referirse a esta palabra.

  1. Que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.
  2. Que es propio o característico de la persona necia.
  3. Imprudente o falto de razón
  4. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.

Cuando meditamos sobre el significado de esa palabra, y observamos el comportamiento de un gran segmento de la población, nos damos cuenta que existe una gran similitud entre el significado de la palabra y el accionar de muchas personas.

Pero de esta palabra, necio o necedad, encontramos varios ejemplos de su uso en las Sagradas Escrituras, y también coincide mucho con la forma de actuar de mucha gente hoy en día.

Veamos algunos ejemplos:

«En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida. (Proverbios 14, 33)»

Y obviamente, cuando vemos en las noticias o personalmente un grupo de personas sin ningún tipo de medidas de prevención, lo primero que nos llega a la mente es, ¿será que no saben de la pandemia o son inmunes?

Otra de las referencias bíblica la encontramos en Proverbios 16,22: «La prudencia es fuente de vida para el que la tiene, el castigo de los necios es la necedad»

Existen otras muchas referencias bíblicas que hablan del necio o la necedad, en todas vemos, que lo necio no conduce a nada bueno.

Al final de la reflexión, quiero hacer énfasis en un punto neurálgico en el combate de la pandemia y la necedad de quienes no se cuidan, y es el hecho de que, al no protegerse la persona, tampoco protege a quienes le rodean, y así, el virus llega a la casa, y ya en la casa, ataca sin compasión a todos, niños y envejecientes, los más vulnerables, y al final, quizás quien lleva la enfermedad a la casa, en muchos casos asintomático, sigue sus andanzas y necedades, y el virus sigue avanzando y provocando desastres, penas y mucho dolor.

Elevemos una plegaria a Dios para que proteja a quienes luchan contra este virus y pedir, además, para que los necios reconozcan su error y puedan enderezar su camino.

Dejamos un fragmento de una hermosa oración del papa Francisco para pedir a nuestra Madre María Santísima su intercesión por el fin de la pandemia.

“En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud”.

Amén.

El autor es Ingeniero, Locutor y Experto en Seguridad y Salud en el Trabajo.

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