Opinión

Cuando el dolor ajeno deja de importar

Esrito por Anthony Ventura

Vivimos en una época en la que las tragedias parecen convertirse en noticias pasajeras y el sufrimiento de los demás se consume con la misma rapidez con la que se desliza una pantalla. Poco a poco, nos hemos acostumbrado a ver el dolor sin detenernos a sentirlo. La empatía por los demás se ha ido perdiendo.

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Vemos casos en los que fallece un vecino y, al día siguiente, ya no se respeta el duelo de su familia: se enciende un radio con música a todo volumen, como si nada hubiera pasado. También hay situaciones en las que tenemos personas envejecientes o enfermas cerca de nosotros y, aun así, ponemos música alta hasta tarde en la noche, sin pensar en el descanso o el bienestar de quienes más lo necesitan.

De igual manera, cuando estamos en una fila y vemos a una persona mayor o con alguna discapacidad, muchas veces no le cedemos el turno. Son pequeños gestos de consideración y respeto que, con el paso del tiempo, se han ido perdiendo.

Cuando el dolor ajeno deja de importar, no solo pierde quien sufre; también pierde nuestra humanidad, porque cada acto de indiferencia nos aleja un poco más de la compasión que nos hace verdaderamente humanos.

Me da mucha lás tima y se me arruga el corazón al ver cómo nuestra sociedad se va descomponiendo cada día. Mientras más pasa el tiempo, vemos cómo avanzan la deshonestidad, la crueldad, la falta de empatía y el desamor por el prójimo.

Aun así, sigo guardando la esperanza de que Papá Dios Todopoderoso toque los corazones e ilumine a nuestra sociedad, para que podamos reflexionar a tiempo y, quizás, enderezar el rumbo de un camino que hoy parece ir por un tremendo desvío.

La empatía no consiste únicamente en sentir lástima por quien sufre, sino en actuar con respeto, prudencia y consideración. Nunca sabemos cuándo seremos nosotros quienes necesitemos comprensión en medio de una pérdida. Por eso, tratemos el dolor ajeno con la misma dignidad con la que quisiéramos que trataran el nuestro. Hoy por ti, mañana por mí.

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