¿Retornarán los cajeros en NY? los límites del autopago en supermercado y farmacias podrían generar empleos a los dominicanos de la diáspora
Redacción
En una ciudad donde el tiempo es oro y la tecnología parecía haber ganado la batalla en las cajas de los supermercados, una nueva propuesta legislativa busca dar un giro de 180 grados para proteger el empleo humano. Según reportes publicados originalmente por la versión digital de El Diario, la propuesta de la concejal Amanda Farías no solo busca combatir el robo minorista, sino también revitalizar el mercado laboral para miles de trabajadores, afectando directamente a la diáspora dominicana que ve en este sector una de sus principales fuentes de sustento.

Un golpe a la automatización desmedida La iniciativa, identificada en la Asamblea como el proyecto A8943, propone límites estrictos: un máximo de 15 artículos por cliente en las cajas de autopago y la obligación de tener al menos un empleado supervisando por cada tres terminales en funcionamiento. Para los comercios, el incumplimiento no será barato, con multas diarias de al menos $100 por cada trabajador ausente.
Esta medida surge en un momento crítico donde el «autopago» ha dejado de ser visto como una solución mágica. Las pérdidas por «shrink» (mercancía no pagada o errores de escaneo) superan los $100,000 millones al año en Estados Unidos, y estudios sugieren que las cajas automáticas generan tasas de pérdida de hasta un 3%, superiores a las de las cajas tradicionales.
Impacto en el empleo: ¿Oportunidad o retroceso? Para el sector laboral de Nueva York, esta ley representa una promesa de estabilidad. Aunque históricamente se temió que las computadoras eliminaran puestos de trabajo, los datos muestran una «paradoja del empleo»: a pesar de la tecnología, las tiendas sufren de una rotación crónica de personal y luchan constantemente por llenar vacantes. Los gerentes de supermercados consultados señalan que la retención es el verdadero reto, compitiendo con salarios de otros sectores de servicio.
La ley obligaría a las empresas a dejar de ver al cliente como un «trabajador no remunerado» y a reinvertir en cajeros humanos, lo que podría transformar tareas rutinarias en roles de supervisión y servicio al cliente más complejos.
La diáspora dominicana en el centro del debate Para los dominicanos en Nueva York, esta legislación tiene una doble cara que impactará su vida cotidiana:
- Sustento familiar: La industria de comestibles en Nueva York ha sido tradicionalmente un refugio para el empleo de inmigrantes. En barrios como el Alto Manhattan, Queens y Brooklyn, establecimientos como C-Town, Bravo y Key Food —donde la presencia dominicana es masiva tanto en la propiedad como en la fuerza laboral— se verían obligados a contratar más personal. Estos empleos, que el sindicato UFCW describe como históricamente «de clase media», han sufrido una degradación hacia la precariedad que esta ley intenta mitigar al exigir presencia humana.
- Hogares y consumo: Las familias dominicanas, conocidas por sus compras voluminosas en establecimientos como Costco, enfrentarán un cambio en sus hábitos. El límite de 15 artículos forzará a muchos a regresar a las filas tradicionales, lo que podría aumentar los tiempos de espera pero también garantizaría un trato más humano y menos errores en el cobro, algo vital para la economía de hogares que viven con ingresos promedio de entre $25,000 y $32,000 anuales en este sector.
- La «vibe» del servicio: Investigaciones sugieren que el exceso de automatización ha convertido a algunas tiendas en lugares «fríos», comparados incluso con «una morgue». Para una comunidad que valora la interacción social y el trato personal en los comercios locales, el retorno de los cajeros podría mejorar la experiencia de compra y fortalecer el tejido social en los vecindarios dominicanos.
Mientras el proyecto sigue su curso en la legislatura, Nueva York se convierte en el laboratorio de un debate global: ¿es preferible la rapidez de una máquina o la seguridad y el empleo que brinda un ser humano?

