Haití, las pandillas y El Salvador: una crisis que mantiene en alerta al Caribe y a RD
REdacción
El envío de más de 2,000 militares salvadoreños para apoyar la búsqueda de cuatro compañeros desaparecidos y combatir las bandas armadas abre una nueva etapa en la crisis haitiana. República Dominicana también podría sentir sus consecuencias.
Reportaje especial | Jacagua Express
Una crisis que va más allá de Haití
Haití atraviesa una de las etapas más difíciles de su historia reciente. Las pandillas armadas han extendido su control sobre sectores de Puerto Príncipe y otras zonas del país, utilizando secuestros, extorsiones, asesinatos y tráfico de armas para mantener su poder.
La debilidad de las instituciones y la falta de estabilidad política han permitido que estas organizaciones desafíen cada vez más a la Policía y a las autoridades haitianas.

Según Naciones Unidas, entre julio y septiembre de 2026 más de mil personas fueron asesinadas en hechos relacionados con la violencia, mientras los grupos armados continúan amenazando la recuperación democrática del país.
¿Por qué interviene El Salvador?
El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, decidió aumentar la participación de su país en las operaciones contra las pandillas haitianas, luego de que cuatro técnicos de aviación salvadoreños desaparecieran durante una emboscada ocurrida el 18 de octubre.
Al 29 de octubre, alrededor de 2,000 militares salvadoreños habían llegado a Haití, con un despliegue que podría alcanzar los 2,500 efectivos. Bukele ha presentado la operación como una misión para localizar y rescatar a sus compatriotas, además de apoyar los esfuerzos de seguridad.
La agencia Reuters informó que todavía existen dudas sobre quién tendrá el mando de estos militares, cuánto tiempo permanecerán en Haití y cuáles serán las reglas para utilizar la fuerza. Los cuatro técnicos continúan desaparecidos. <Cite refs={[«turn337109news24″,»turn337109news25»]}/>
¿Puede funcionar el modelo de Bukele?
El Salvador consiguió reducir considerablemente la violencia de las pandillas mediante una política de seguridad muy fuerte, que incluyó detenciones masivas y un régimen de excepción. Sin embargo, esa estrategia también ha recibido críticas por denuncias de abusos y detenciones arbitrarias.
Haití presenta una realidad mucho más complicada: sus instituciones son débiles, sus cárceles están sobrepobladas y las pandillas controlan zonas donde las autoridades tienen dificultades para entrar.
Por eso, combatir a estos grupos no será solamente cuestión de enviar soldados. También será necesario recuperar la Policía, fortalecer la justicia, crear empleos y devolverle al Estado el control de las comunidades.
Associated Press ha señalado las dificultades que enfrenta la misión internacional, que todavía necesita más personal y recursos para cumplir sus objetivos. <Cite refs={[«turn337109news26″,»turn337109news27»]}/>
Las consecuencias geopolíticas
La participación salvadoreña aumenta el protagonismo internacional de Nayib Bukele y convierte la crisis haitiana en un asunto de mayor interés para América Latina y el Caribe.
Estados Unidos y Naciones Unidas tienen interés en evitar que Haití se convierta en un territorio dominado por organizaciones criminales, con consecuencias para el tráfico de armas, drogas y personas.
Otro problema es el retraso de las elecciones haitianas. El Consejo Electoral pospuso nuevamente la primera vuelta presidencial y legislativa, ahora prevista para el 18 de julio de 2027. Esto prolonga la incertidumbre política y dificulta el regreso a un Gobierno elegido democráticamente. <Cite refs={[«turn337109news25″,»turn337109search3»]}/>
¿Qué significa para República Dominicana?
Para República Dominicana, la situación es especialmente delicada porque comparte la isla con Haití.
Si la violencia aumenta, podrían crecer los desplazamientos de familias haitianas, la presión migratoria y los riesgos de que organizaciones criminales intenten utilizar la frontera para escapar de las operaciones de seguridad.
También podrían verse afectados el comercio fronterizo y las actividades económicas de comunidades dominicanas que mantienen relaciones comerciales con Haití.
Por esa razón, el país necesita mantener la vigilancia fronteriza, fortalecer los controles contra el tráfico de armas y evitar que las redes criminales aprovechen la crisis para operar en territorio dominicano.
Esto no significa que exista una amenaza de invasión, pero sí que la inestabilidad haitiana representa un riesgo que debe ser atendido con seriedad.
¿Qué puede pasar en los próximos meses?
Hay tres posibilidades principales: que las fuerzas internacionales logren debilitar a las pandillas y recuperar zonas importantes; que los grupos armados respondan con más violencia y prolonguen el conflicto; o que la falta de coordinación y recursos impida conseguir resultados duraderos.
En nuestra valoración, el mayor peligro es que las operaciones militares produzcan avances temporales, pero que las pandillas vuelvan a organizarse si no se reconstruyen las instituciones haitianas.
Una conclusión para toda la región
La crisis de Haití no se resolverá únicamente con armas y soldados. Se necesitan seguridad, justicia, educación, empleos y un Gobierno capaz de recuperar la confianza de su población.
Para República Dominicana, un Haití estable representa una oportunidad para mejorar la seguridad, el comercio y la convivencia entre ambos países. Por el contrario, un Haití dominado por pandillas seguirá siendo una preocupación para toda la región.
La pregunta que queda abierta es si esta nueva operación internacional conseguirá devolverle la tranquilidad al pueblo haitiano o si será otro intento que no logre resolver las causas profundas de la crisis.

