Opinión

Hay que aplaudir, valorar y apoyar el programa Rompiendo Paradigmas de Robinson Díaz

Escrito por Amaury Ureña

Yo, Amaury Ureña, no soy perremeísta. Y, como diría un creyente, ¡Dios me libre de serlo! No he votado, ni tengo intención alguna de votar por ese partido. Ahora bien, como alguien que no pertenece al PRM, creo firmemente que valorar el accionar positivo de uno de sus miembros no me convierte en adulador del partido de gobierno. Es desde esa convicción que me atrevo a escribir lo que voy a decir sobre el diputado perremeísta Robinson Díaz.

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Robinson es legislador por la Primera Circunscripción de Santiago. Para ser honesto, no conozco a fondo su labor parlamentaria: no sé qué proyectos ha sometido ni qué iniciativas ha propuesto en la Cámara Baja. Pero lo que sí conozco —y en primera persona— es el trabajo social que realiza a través de la fundación que dirige, especialmente con su programa Rompiendo Paradigmas.

Este programa otorga becas universitarias a jóvenes bachilleres que no tienen los recursos para continuar sus estudios superiores. En mi experiencia como docente del Politécnico Ramona Tejada Marte, he visto cómo dos estudiantes de este centro (Arianny Grullón y Yatna Reyes) han sido beneficiadas con becas completas para cursar una carrera universitaria. Y esto, para mí, representa mucho más que una ayuda: es una inversión real en el desarrollo familiar, comunitario y humano de personas tradicionalmente marginadas.

El programa Rompiendo Paradigmas llegó a nuestra comunidad gracias a la gestión del comunicador Wilfredo Domínguez y del líder político Henry Vargas, a través de una solicitud que, para sorpresa nuestra, fue acogida y respondida positivamente. Ya van dos años consecutivos de entrega de estas becas a familias de Los Cocos.

Acciones como estas son, a mi entender, una de las formas más dignas de devolverle al pueblo lo que es del pueblo. En un país donde se sospecha —y muchas veces se comprueba— que parte del dinero público termina en manos equivocadas, es justo reconocer que en este caso ese dinero, o esa gestión, está llegando a donde más se necesita.

Valoro, sin temor a equivocarme, la labor del diputado Robinson Díaz. No voté por él, ni votaré por él, ni por nadie más. He decidido no volver a visitar una urna nunca más. Pero eso no me impide reconocer lo justo y lo correcto. No puedo ser mezquino y desconocer cuando un político rompe con lo ordinario y entra en el marco de lo correcto.

Amén.

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