Los Suárez: el merengue que nació de la bravura y se convirtió en leyenda
Redacción
El comunicador César Viloria se atrevió a contar la historia del merengue típico «Los Suarez», una canción cargada de historia y sabor, a partir de su explicación extrajimos este suplemento.
En el corazón del Cibao, entre las montañas de Gurabo y las calles polvorientas de Jacagua, la historia no solo se escribió con pólvora y valentía, sino también con música. Así nació el merengue “Los Suárez”, una pieza que, aunque muchos han bailado sin saberlo, guarda en sus notas la memoria de un pueblo que se resistió a doblar la rodilla.
Cabe resaltar que estos Suarez son los parientes directos de quien funge como embajador ante la Santa Seda, Víctor Suarez.

La raíz de esta historia se remonta al general Soilo Suárez, un español que se enamoró de la República Dominicana y de una mujer de Gurabo, donde formó su familia. Uno de sus hijos, Moisés Suárez, se convirtió en comisario en 1902, en tiempos turbulentos. Fue entonces cuando estalló la guerra de los bolos contra los rabuses: el pueblo trabajador contra los poderosos conservadores.
En este conflicto, los Suárez se enfrentaron a la familia Díaz, alineada con la élite conservadora. La rivalidad se volvió tan feroz que, según cuenta el merengue, desde la capital enviaron 400 militares para someterlos… pero terminaron dándose la vuelta. La leyenda popular dice que fue por respeto —o miedo— a la bravura de los guraberos. La historia oficial corrige: no fueron 400, sino 25 policías. Igual, el mensaje quedó claro: a los Suárez no se les intimidaba.
Fue el músico puertoplateño Polito Martínez quien, inspirado en estos enfrentamientos, compuso el merengue “Los Suárez”. Más tarde, Fello y Miro Francisco rescataron la pieza y la grabaron con el inigualable Tatico Henríquez al acordeón, acompañado por Miro en el saxofón, “El Mulo” en la tambora y Julio Enrique en la güira.
Desde entonces, este merengue se volvió infaltable en las fiestas patronales, especialmente en las de San Rafael, y en celebraciones comunitarias donde la música sirve para recordar que el orgullo y la dignidad también se bailan.
Bailar “Los Suárez” es, sin saberlo, mover los pies al ritmo de una historia de resistencia. Es escuchar entre acordeones y saxofones los ecos de Gurabo y Jacagua, dos comunidades unidas por la sangre, el coraje… y el merengue.

