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La mujer del César, la que ya no es seria, tampoco lo aparenta y las confesiones de Miguel Colomé

Escrito por Amaury Ureña

Lo primero de lo que debe estar consciente un funcionario público es de lo que no puede ni debe hacer en el ejercicio de sus funciones, para que, en caso de que se atreva a meter la pata, por lo menos lo haga a plena conciencia y deberá asumir las consecuencias de sus actos. Eso, obviamente, lo hace una persona que ejerce una función pública con cierto nivel de inteligencia.

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«La mujer del César no solo debe ser seria, sino que debe aparentarlo». Esta frase, que nació de una historia del Imperio Romano, ha sido harta repetida, y la misma nos intenta decir que la seriedad humana no solo debe ser, sino que también debe proyectarse. Bueno, a la luz de las palabras que el director de la Junta Distrital de San Francisco de Jacagua, Miguel Colomé, expresó en su más reciente entrevista en el programa El Congreso de la Tarde, entendí que, en este caso, la mujer del César no es seria y, para empeorar las cosas, ni siquiera lo aparenta.

Miguel Colomé se atrevió a decir, sin ningún tipo de reparo, que tiene a dos familiares trabajando en el cabildo que él dirige desde el año 2024: su hija (Nathalie), contratada, y una sobrina, nombrada. Lo dijo sin ruborizarse ni avergonzarse de que estaba admitiendo que ejerce su función pública de manera inconstitucional (Art. 102) e ilegal (Ley 41-08). Al escucharlo, no pude evitar sentir vergüenza y preocupación por la forma en que se está manejando este distrito municipal.

Otra confesión que despertó mi inquietud fue su admisión de que existen aproximadamente 800 personas a las que, según sus propias palabras, «les pasa algo», haciendo referencia a que reciben algún tipo de beneficio económico, ya sea mediante la nómina administrativa (271 personas, junio 2026) o por otras vías que nunca explicó. Más preocupante aún fue que presentara esa realidad como una fortaleza electoral de cara a las elecciones de 2028.

Al escuchar esas declaraciones pensé: está bien, puedo entender que un empleado tenga algún nivel de compromiso político con quien lo nombró. Pero ¿qué ocurre con quienes reciben dinero por esas otras vías que nunca fueron aclaradas? ¿Cuál es el fundamento de esos desembolsos? ¿Están debidamente justificados? Esas son preguntas que el propio director debería responder y transparentar, y a mí que nadie me venga a hablar pendejadas con esta petición, porque estamos hablando de nuestro dinero, recuerden que esos 7 millones que administra Colomé mensualmente no son de él, sino de nosotros y por ende tenemos derechos a saber que este se esté manejando de forma adecuada.

Ya las otras informaciones expresadas por él en relación con lo que él gastó de su patrimonio en la pasada campaña electoral quizá no son para preocuparse tanto. Él confesó que gastó, de su bolsillo, 13 millones de pesos. Muchos se preguntan: ¿y cómo los va a recuperar con un sueldo mensual de 70 mil pesos, si estos suman un total de RD$3,640,000, lo que representa cerca de RD$10,000,000 menos que lo que invirtió? Y, suponiendo que hizo esto como sacrificio por este distrito municipal, y ante su intención de lanzarse a buscar su reelección en el 2028, ¿con cuáles recursos lo hará? ¿Va a destinar 13 millones de su patrimonio otra vez? Eso, de tan bello, parece irreal.

Pero nada, el director de nuestra Junta Distrital confesó acciones ilegales en sus funciones. Hay quienes dicen que esto no es malo, según vimos en los comentarios de las redes sociales; otros lo ven con preocupación. Yo pertenezco a este último grupo. Sin embargo, llego a la más preocupante conclusión de que no hay salvación en este caso, porque no he visto a un solo opositor, si acaso los hay, que haya mostrado un ápice de asombro, de molestia, de preocupación ni de indignación por estas confesiones. No sé cuál de las dos cosas es peor: las malas acciones de quien dirige o el silencio de los que están llamados a aspirar a sustituirlo.

Al final, pareciera que a la mujer del César ya no le importa ni ser seria ni parecerlo. Y, lo más grave, es que tampoco parece importarle a nadie.

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