El Bronx dejará de ser el Bronx, se convertirá en Jacagua por un día
Escrito por Amaury Ureña
Para algunos sociólogos de la migración, las comunidades que viven fuera de su país desarrollan mecanismos casi instintivos para no perder su identidad. No es casual. Diversos estudios sobre la diáspora sostienen que los grupos migrantes crean redes sociales, culturales y hasta económicas que les permiten sentirse parte de algo, aun estando lejos. En el caso dominicano, esto no es una excepción: es prácticamente una regla.

De hecho, la propia dinámica de la diáspora dominicana ha demostrado que vivir fuera no implica desconectarse. Al contrario, los dominicanos tienden a reconstruir su cultura en cada ciudad donde llegan, desde Nueva York hasta Madrid o Boston.
Porque lo que parece una reunión cualquiera —un coro, una chercha, una excusa para beber y bailar— en realidad es mucho más profundo, es un deseo de sentir su identidad fuera de su tierra.
El dominicano no se va del todo
Los datos lo confirman: millones de dominicanos viven fuera del país, impulsados por razones económicas, familiares o de oportunidades. Pero lo interesante no es que se vayan, sino cómo viven después de irse.
El dominicano migra, pero no se desprende. Por eso organiza cumpleaños multitudinarios, fiestas improvisadas, reuniones familiares… cualquier motivo es válido para juntarse, cocinar arroz, habichuela, carne, tomar cerveza o ron y poner una bachata o merengue de fondo.
No es ocio. Es identidad.
El caso de los francojacagüeros: una tradición en el Bronx
Un ejemplo claro de esta realidad es el encuentro anual que realizan los oriundos de San Francisco de Jacagua en el Crotona Park.
Allí, desde hace varios años, se celebra el denominado Junte Anual de San Francisco de Jacagua en el Extranjero que este año se realizará el 19 de julio del presente año en el mencionado parque.
A simple vista, el evento podría parecer uno más: música, comida, risas. Pero basta con observar un poco más de cerca para entender lo que realmente ocurre.
Dominicanos de distintos sectores del distrito municipal se reencuentran. Gente que creció junta, que jugó en las mismas calles, que compartió escuela, equipo de beísbol (pelota), que jugaron belluga entre otros juegos, y que hoy, por razones de la vida, se encuentra en otro país.
La gente buscará su gente, los ausentes de Las Tres Cruces, Jacagua Arriba, Jacagua al Medio, Jacagua Adentro, La Ciénaga, Los Cocos, Los Frías, La Delgada, entre otros sectores se juntan para ser felices por unas horas y sentarse unidos a añorar su tierra, a recordar sus vidas y, al día siguiente continuar con su agitada rutina.
Ese día, el Bronx deja de ser el Bronx.
Y, por unas horas, se convierte en Jacagua.

